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La Refinería del Norte S.A (REFINOR) y Conta S.R.L
(subcontratista), en función de las obras de construcción
de una nueva traza del gasoducto ingresó en la
comunidad en septiembre del 2004, avasallando su territorio,
su derechos y forma de organización ancestrales, momento
en el que la comunidad, luego de solicitarle infructuosamente
a la empresa los estudios de impacto ambiental, comenzaron
a transitar el camino judicial reclamando respeto y el reconocimiento
a su pueblo, poseedor de una cultura ancestral, que reivindica
a la tierra como elemento en el que gira su organización
económica, social y cultural.
Caraparí se sitúa al norte de la provincia
de Salta, en el Departamento General San Martín, localidad
de Salvador Mazza-Aguaray, la cual limita en el extremo norte
con la República de Bolivia. La comunidad indígena
es no solo poseedora ancestral de sus tierras, sino que cuenta
además con los títulos de propiedad. Su extensión
cubre una superficie de 766 hectáreas, en la cual se
hallan asentados unos 700 habitantes y está conformada
por cuatro parajes: Madrejones, Yerba Buena, Playa Ancha y
Caraparí. Sobre los márgenes del Río
Caraparí e Itiyuro,
En la zona existen 7 pueblos indígenas y la mayoría
de ellos por falta de voluntad política, no tienen
los títulos de sus tierras, pero pese a que la comunidad
Caraparí, los posee, esto no ha sido un elemento tenido
en cuenta, a la hora de analizar el conflicto de la Comunidad
y la empresa multinacional La pregunta que suena entonces
entre los dirigentes de la zona es .¿Qué es
posible de esperar para los pueblos y comunidades que tienen
la posesión y no los títulos dominiales de sus
tierras?
El conflicto comenzó en septiembre del 2004 cuando
la empresa entró en territorio de la comunidad sin
autorización para ingresar con sus camiones, máquinas
retroexcavadoras y niveladoras, un hecho que se tradujo al
interior de la comunidad en desmonte y destrucción
de cercos tradicionales destinados a la siembra de maíz,
zapallo y mandioca, alimento fundamental en la dieta de la
comunidad.
En forma inmediata la comunidad se comunico con la empresa
solicitando los estudios de impacto ambiental, social y cultural
como también los relativos a la seguridad geodésica
tratándose de una obra de tal magnitud.
La insistencia en el cumplimiento de dichos estudios fue
y continúa siendo central en el reclamo del pueblo
guaraní. Tal demanda se relaciona con la posibilidad
de conocer, por un lado, los efectos que puede ocasionar la
construcción del gasoducto en un corto, mediano y largo
plazo sobre las prácticas y las formas de vida de los
pobladores y, por el otro, las medidas necesarias para prevenirlos
y mitigarlos. Se trata de un reclamo vinculado a la posibilidad
de conocer la aptitud de las tierras para soportar los movimientos
sísmicos propios de la zona
Por otra parte la comunidad solicitaba el resarcimiento económico
por los daños causados en la traza del gasoducto. (Destrucción
de cercos de cultivo, casas, árboles, etc.).
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