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Las fiestas instalan y generalizan
un encuentro familiar, de relaciones interpersonales, en las
que confluyen distintos sentimientos que se combinan con el
amor, el desamor, las alegrías, los sufrimientos y
las soledades.
Distintos especialistas que analizaron los efectos de estas
fiestas aseguraron que tanto en la vida cotidiana como en
la clínica médica se observa un cambio en el
humor social.
Destacaron que así como afloran los encuentros, logros
y alegrías vividas, resurgen con fuerza distintas situaciones
traumáticas individuales y colectivas.
"En estas fiestas suele comprobarse una mayor eclosión
de las patologías psíquicas, tanto desde el
polo de la exaltación como el de la depresión",
destacó a Télam el psicólogo Jorge Garaventa,
moderador del "Proyecto Listas y Foros en Internet".
Garaventa remarcó la presencia del sesgo emotivo generalizado
y el predominio de sensaciones de bonanza y plenitud, como
una tendencia más general y sostuvo que como época
de repaso vital, suele agudizarse la nostalgia por las pérdidas
afectivas.
Señaló que es una fecha de encuentros y desencuentros
y que "a algunas personas se les establece como una época
que hay que transitar dolorosamente".
Para Garaventa hay oportunidades en que el humor social se
traduce en la forma e intensidad de festejar cuando se ilumina
la noche con fuegos artificiales.
En este sentido, recordó que "en diciembre de
2001 la ebullición que transitaba por las calles se
tradujo en una notoria disminución de los fuegos de
artificio y exhortaciones de alegría a la hora del
brindis, ya que eran tiempos de bronca".
En tanto, consideró que en diciembre de 2004, "apenas
24 horas después de Cromañón, la ausencia
de fuegos artificiales en algunas zonas como Once o la Matanza
y la disminución notoria en otros barrios de capital
y conurbano mostraban la persistencia del horror ante las
194 muertes".
Concluyó que "sea cual sea el polo para el que
cada uno se dispare, la movilización afectiva de Navidad
y año nuevo no deja lugar a la indiferencia".
Por su parte, la psiquiatra María de los Angeles López
Geist, de Medios y Vida Cotidiana de la Asociación
de Psiquiatras Argentinos, precisó que estas fiestas
actualizan intensamente los conflictos familiares, los duelos
y las pérdidas.
"Pero también -continuó- esta movilización
permite que muchos de estos conflictos atraviesen nuevas fases
de elaboración que pueden conducir a nuevos posicionamientos".
La especialista se refirió a todos los rituales que
se conservan a través de las generaciones, a los actos
escolares, a los cierres de actividades, como situaciones
que contribuyen a un balance sobre "lo sembrado y lo
cosechado", sobre "el grado de humanización
o deshumanización que fuimos instrumentando en nuestras
prácticas".
Asimismo, López Geist aseguró que "los
argentinos estamos ávidos de esperanzas, ávidos
de nombrar la realidad para poder cambiarla, ávidos
de una cultura transgeneracional que pase por el deseo de
dejar un mundo mejor a los jóvenes, y no la carga de
deudas por corrupciones de la generación anterior".
Nora Londeiz, psicóloga y directora del Centro de
Psicología y Programación Neurolinguística,
señaló que las fiestas reeditan los problemas
de cada año, al referirse al encuentro familiar.
En este sentido, dijo que "el que está solo y
viene pasando las fiestas solo, es un día más,
y el que está deprimido, se deprime aún más;
estas fiestas marcan con más intensidad las características
de cada uno, y profundizan lo que le está pasando,
cómo viene estando".
Para Londeix, en estas fiestas "la gente está
más dispuesta a gastar, a comprar y pasarla bien",
aunque remarcó las diferencias sociales que le ponen
un límite a esta situación.
Asimismo, destacó que "estamos en un momento
de esperanzas", y consideró que "sólo
el hecho del cambio de gobierno tan próximo de las
fistas crea expectativas, más allá del tinte
partidario de cada uno.
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