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Nada puede disimular
la crisis de las finanzas provinciales provocada por el uso
electoralista del gobierno en el que Schiaretti fue ministro
y vicegobernador.
El anuncio del incremento de la tasa de Ingresos
Brutos por parte del Gobierno provincial es un ataque a la
inversión, porque castiga a todo el encadenamiento
del sector productivo y ahuyenta radicaciones en nuestra provincia.
La voracidad fiscal de este impuestazo distorsivo
demuestra el fracaso del populista modelo cordobés,
basado en el aumento del gasto y en el endeudamiento irresponsable.
La crisis de insolvencia, que amenaza las
finanzas provinciales, no soporta parches ni excusas. La mengua
en la recepción de fondos nacionales denunciada debe
corresponderse con la asunción de responsabilidades
sobre las causas de semejante situación. El gobernador
Juan Schiaretti debe sincerar la realidad de la pesada
herencia de la gestión De la Sota, durante la
cual se gestaron y potenciaron el gasto y el endeudamiento.
En Córdoba gobierna desde hace una
década el Partido Justicialista, que contribuyó
también con su base electoral a la victoria de la actual
Presidenta. El señor gobernador debería explicar
las razones por las cuales se agravó la dependencia
con el Estado nacional y por qué, con similar estructura
productiva, la provincia de Santa Fe no padece las mismas
angustias.
Yo estuve junto a los intereses de Córdoba
solicitando la sanción de una nueva ley de coparticipación
federal, y en soledad impulsé la constitución
de un fondo compensador para evitar el perjuicio que ocasiona
la aplicación de retenciones en virtud de que éstas
no son coparticipables, a diferencia del impuesto a las ganancias,
que sí lo es.
Ninguno de los legisladores del partido del
gobernador levantó la voz cuando a la presidenta Cristina
Fernández la acompañaba la voluntad electoral.
Lo que no puedo hacer ante el anuncio del gobernador es dejar
de advertir sobre los efectos perniciosos de esta iniciativa
y el doble discurso que se exhibe, al condenar, con razón,
la exacción del Gobierno nacional en materia de retenciones
y, al mismo tiempo, impulsar un gravamen que afecta a la producción,
la industria, la construcción, los servicios y el comercio.
Nada puede disimular la crisis de las finanzas
provinciales provocada por el uso electoralista del gobierno
en el que Schiaretti fue ministro y vicegobernador. Quita
credibilidad a su denuncia si como gobernador no dice toda
la verdad, basamento de la gobernabilidad democrática
donde cada ciudadano y cada sector deben conocer por qué
se les priva su rentabilidad.
Si la causa del fracaso del modelo aplicado
estuviera centrada sólo en decisiones externas a la
provincia, el argumento del gobernador tendría valor.
Por ello, no es correcto que aproveche la oportunidad y descargue
en otros la ineludible responsabilidad de asumir lo que le
atañe.
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